Opus Ineptitudinis (En C Mayor y Grasa Quemada): El Ministro, el Tuit y el Nacimiento de la Estatua.
He aquí el Acta Notarial de mi Infortunio Motorizado, el relato de cómo la desidia estatal se ha transmutado en la más tangible de las fortunas privadas.
Me ha llegado, con el imprimátur de un documento pontificio, un edicto de mi mecánico —a quien considero mi Depositario de la Llave Inglesa y San Crisóstomo del Engranaje—, convocándome, a mí y a toda mi estirpe, a la más insólita de las asambleas sociales: la inauguración de una efigie broncínea erigida en mi honor. Un monumento que no celebra la virtud, sino el volumen de negocio que mi Versys 650, esa máquina que bebe del más puro octanaje, ha generado desde aquel cándido y fatal mes de mayo.
Yo, que ingenuamente creí en la bicromía del abono de Rodalies, fui prontamente desengañado por la R4, esa línea que no es un trazado férreo sino un Vórtice de la Parálisis, un experimento social donde el tiempo se dilata con la elasticidad de un chicle usado. El Hado ferroviario de la R4, con la complicidad tácita de la Generalitat (ese Consejo de Procrastinación que administra el caos con la flema de un filósofo contemplando una mancha en la pared), ha logrado convertir el transporte público en un costoso Voto de Pobreza que solo sirve para adornar la cartera.
Las explicaciones de las "incidencias" son, por sí mismas, una Antología del Absurdo. Se nos dice que hay obras del Corredor Mediterráneo (esa Quimera que se avizora, según el cronograma, a la llegada del Apocalipsis), que "un tren ha manifestado su objeción de conciencia y se ha parado", o que "vamos con retraso" (una tautología que, de tan evidente, roza el nirvana). El no va más de esta retórica es culpar a la lluvia, como si el agua fuese una novedad meteorológica importada del Valhalla y no la condición natural que toda infraestructura digna de tal nombre debe saber gestionar.
Y por encima de todos, en el cenit de esta comedia del despropósito, se yergue el Gran Oráculo de Moncloa, el Pontífice de los Puentes, cuya nomenclatura misma es una burla cruel a la solidez. Este Hierofante de las Redes se pasa la jornada, no supervisando el acero y la catenaria, sino absorto en X (antiguamente conocido como el Ágora de la cháchara), más enfrascado en proveer contenido al algoritmo de Elon Musk que en la res publica. Su labor parece ser la de un monje benedictino contando likes, un Censor Máximo que mide su éxito por la virulencia de su última réplica digital. Mientras los vagones se detienen y las vías se desmoronan, él está dedicado a levantar puentes de controversia ad hominem. ¡Un hombre que ignora el Diluvio Universal por debatir sobre la mejor marca de paraguas en la oposición!
Ante el non-plus-ultra de la indolencia, mi única salvación fue el Vía Crucis motorizado. Mi Versys, convertida en el Símbolo de la Resistencia Cívica, se ha visto obligada a transitar la AP-7, el nudo de la B-40 y el descenso furioso por la B-10 y la Gran Vía. El motor, concebido para el paseo bucólico, ha sido sometido al rigor de un Maratón Espartano por culpa de la desatención del Ministro de los Tweets.
Cada rodamiento que ha gritado de agonía, cada pastilla de freno que ha expirado prematuramente, ha sido un cheque al portador para Don Reparátus. Mi moto no tiene averías; tiene generadores de liquidez. Yo no soy un cliente; soy el Maná del Taller, la materialización del Milagro de la Multiplicación de las Facturas.
Por eso, el día del desvelo, el simulacro escultórico no será un busto heroico, sino una Alegoría del Déficit Ajeno. Una figura mía, pétrea y resignada, sentada sobre una monumental réplica de una factura de diez folios cincelada en cobre. La inscripción, lo sé, agradecerá a ADIF, Renfe, la Generalitat y, por supuesto, al Eminente Tuitero de Moncloa.
Irónico es que, para honrar mi bolsillo agujereado, el Estado deba agradecer a la incompetencia. Iré. Y mientras nos sirvan el vino de honor, esperaré que la megafonía anuncie: "Disculpen, el acto se retrasa... una incidencia en la megafonía ha provocado que el Ministro de Transportes haya tenido que interrumpir un debate crucial en X para atender una llamada..." ¡Que el caos siga! ¡Que mi mecenazgo continúe!

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